lunes, 12 de noviembre de 2007

Mea la culpa

Ombudsman, Yo leo
por Isabel Batteria

Axel nos hace llegar en su último post de La Grannada un pedazo de un artículo de El País sobre la biblioteca de Cortázar. Si uno se emociona y se pone a leer el artículo completo, y lee lo siguiente de la susodicha biblioteca: “Más la de alguien que lee por puro placer que la de un profesional de nada: ni de la escritura ni, por supuesto, de la lectura.”, se da cuenta de que no existen los “guilty pleasures”, sino simplemente los “pleasures”.

¿No es ridículo sentirse culpable por pensar que En el tiempo de las mariposas es uno de los libros más emocionantes que he leído y que disfruto los libros sobre mujeres de otras culturas, como Sultana? ¿Negar mi romance con Stephen King?

¿No es un peo tener que soportar que haya quien le diga a uno cuáles escritores hay que leer y cuáles no?

No hay que dejarse amedrentar por “los que saben”, sino escuchar a los que saben. Hay que saber distinguirlos: los primeros vienen con imposiciones; los otros, con sugerencias. A “los que saben”, Julio y yo les sacamos la lengua.

lunes, 15 de octubre de 2007

Bullet Park, suburb

Ombudsman, Yo leo
por Isabel Batteria

“Well I suppose there’s plenty to be sad about if you look around, but it makes me sore to have people always chopping at the suburbs. I’ve never understood why. When you go to the theater they’re always chopping at the suburbs but I can’t see that playing golf and raising flowers is depraved. The living is cheaper out here and I’d be lost if I couldn’t get some exercise. People seem to make some connection between respectability and moral purity that I don’t get.”

–John Cheever, Bullet Park

sábado, 6 de octubre de 2007

Bug On Book

Viajes astrales, Yo leo
por Isabel Batteria

El libro que he estado leyendo en estos días, un préstamo de biblioteca, tiene los restos aplastados de un insecto pegados a la carátula, en la parte de atrás, la parte que más reposa sobre mi cama, sobre mi falda y sobre mis manos. Ya había leído la mitad del libro, cuando me di cuenta de que había estado cometiendo adulterio con este bicho. Pero en vez de causarme el efecto más afín a mi personalidad, en vez de asquearme y obligarme a embadurnar mis manos constantemente con ese líquido transparente de moda, como cuando toco dinero o viajo en guagua, lo que ha hecho es intrigarme. Lo miro una y otra vez, como para asegurarme de que sigue ahí. Le pregunto la especie. Busco sus patas, único delator. Las patas fueron, de hecho, quienes me alertaron, después de mirar la marca, descartada inicialmente por mancha, con mayor detenimiento de lo usual.

jueves, 7 de septiembre de 2006

Feminismo barato

Solidaridad, Yo leo
por Isabel Batteria

En el excelente blog, La Gran Nada, Axel Alfaro comparte con nosotros, en la entrega titulada “Lecturas para la próxima semana“, un artículo de la penúltima edición de la revista estadounidense Esquire sobre el giro pseudofeminista de la nueva sociedad que trata de reponer los errores históricos contra la mujer en el pasado quitándole importancia al papel intelectual del hombre desde la niñez. Se llama “The Problem With Boys”. De hecho, en los comentarios en la bitácora de Axel se generó una breve pero interesante discusión que vale la pena leer después de echarle una ojeada al artículo en Esquire.

Es mi deber como mujer responsable ayudar a develar los problemas que han surgido desde que las mujeres reclamaron la igualdad con los hombres. Pero no es que yo sea machista. Verán, la verdadera doctrina feminista defiende la igualdad con los hombres, no la supremacía. Muchas mujeres hoy piensan que ser feministas es tirarle a los hombres y se aguantan de evidencia científica y leyendaurbanística para justificar todas las formas en las que dicen ser mejores que los hombres. El artículo de Esquire plantea, entre otras cosas, que éstas y otras ideas similares están afectando la motivación de los hombres a educarse y superarse.

Estaba leyendo última edición de Esquire (la que le sigue a la edición del artículo en cuestión) y vi que en una lectora envió una carta referente a “The Problem With Boys”. Es perfecta para ilustrar mi prototipo de la mujer que se quiere instalar las bolas a como dé lugar. En sus 15 minutos de fama, en su contribución a la sociedad, Kathy Sellers, de Myrtle Beach, South Carolina, aportó el siguiente comentario: “Oh, the poor American man is losing his power. What will we do? What a bunch of whining pussies.”

Bravo.

martes, 29 de agosto de 2006

El curioso incidente del libro bueno y el gerente malo

Exhibicionismo, Yo leo
por Isabel Batteria

Siempre he dicho que uno le saca algo a todo el que en algún momento fue importante en su vida. En mi caso, particularmente la música. Todo el que tuvo un papel no ignorable a mi vida me trajo uno o más músicos que han dejado marca. No hay excepciones. Por lo general, de esas personas, esas abejas de polen pentagrameado, tengo buenos recuerdos, aun en los casos de malos finales. Porque ustedes comprenderán que es difícil dejar que alguien que uno odia o con quien simplemente no hubo compenetración influya en algo tan importante como la banda sonora de la vida.

En cambio, son pocos los libros que me llegan en manos de alguien. Quizás he leído sólo 5 libros en mi vida porque alguien me los recomendó. (Hasta ahora, claro.) Los otros 295 han llegado por sus propios pies.

Lo que me extraña es que uno de esos cinco libros solitarios, y para colmo uno de los más sorprendentes que he leído, me haya llegado por la vía de una persona que resiento (y casi odio) cada vez que me la encuentro.

0385659806.01._SS500_SCLZZZZZZZ_V1077142047_.jpgHace poco terminé The Curious Incident of the Dog in the Night-Time, de Mark Haddon. Al hojearlo uno se tropieza con diagramas que nos recuerdan a, qué sé yo, La tabla de Flandes (uy) o una novelita de la línea de El código DaVinci (triple uy). Pero esta historia de un adolescente autista, contada en primera persona, me impresionó. El cerebro del niño no permite la subjetividad; todo es literal. Y quizás por esa literalidad es que su ingenuidad resulta en una gran riqueza de imágenes. Claro que el crédito no es para el niño autista, sino para el escritor. Lo mejor es que es una obra bastante completa: hay sexo, violencia, intrigas, mentiras y un excelente e inesperado punto culminante, de calidad y sorpresa comparables a los puntos culminantes de Paul Auster, que es mi dios literario.

Esta novela me la recomendó un gerente de Borders que me llamaba al teléfono portátil que llevábamos los empleados cuando yo estaba en el baño, para preguntarme dónde yo estaba y qué hacía; que un día me hizo llorar porque llamé para no ir a trabajar por enfermedad; que recomendó, según las malas lenguas, a Gabriel García Márquez como un buen escritor puertorriqueño; y que hizo un par de cosas más de las cuales no me quejaré ahora porque, con la distancia temporal, han perdido la importancia que tenían cuando me las hizo y ya he superado. Sin embargo, no puedo dejar de sentir una puyita cada vez que lo veo, trepado en la escalera con una libretita como un capataz.

Y tendré que entender que es una nueva experiencia en mi vida, una situación compleja a la que no me había enfrentado antes.

sábado, 26 de agosto de 2006

Confusión

Yo leo
por Isabel Batteria

“Indeed, one of the upshots of the new era is that Karl Marx may have had it exactly backward. He argued that classes are defined by their means of production. But it could be true that, in the information era at least, classes define themselves by their means of consumption.”

David Brooks, en su libro Bobos in Paradise (2000)

viernes, 19 de mayo de 2006

Cerilla Vs. Cerumen

Mi mamá me cogió las gotas de ablandar la cerilla y me las acabó. Nunca me ablandé la cerilla. No oigo bien por un oído.

Ayer estuve en una piscina. Se me metió agua por la oreja y me mojó el interior. Queriendo secarla, me metí un isopo y lo que hice fue amasar la cerilla y usarla de tapiz sobre mi tímpano. Oigo menos.

Hoy discutimos si cerumen era la forma más fina de decir cerilla. Para mí, cualquier palabra que termine en “umen” es más desagradable. En todo caso, tengo la misma exacta imagen con cerilla o con cerumen.

A mi abuela le recetaron las gotas. Me las eché en el oído por el que no oigo. Empezaron a sonar dentro de mí miles de explosiones. Como el caramelo ese agrio que explota en la boca. Hasta sentí las burbujas salirse de la oreja. Ahora sí que no oigo nada. Pero tengo la esperanza vaga de que la cerilla / cerumen amanezca en la almohada.

domingo, 15 de enero de 2006

Libros carceleros

Yo leo
por Isabel Batteria

Recientemente, resolvía diligencias en Bookcrossing, cuando me llamó la atención una de las preguntas del foro: ¿Cuántos libros has leído en 2005? Sé que los adeptos a Bookcrossing leen mucho; la gente que ama los libros así, como para dedicarles tanto esfuerzo de sus vidas, no se leen diez libritos al año. Entré y vi que, efectivamente, el número más común es entre 100 a 300. No puedo imaginarme qué método usan esos lectores para recordar de qué tratan los libros que han leído. En mi vida, lo confieso, he leído eso, 300 libros, lo cual sé con toda la certeza porque cuando tenía 16 años me di a la tarea de apuntar todos los libros que había leído hasta entonces, y desde ese momento, llevo un récord minucioso. Y a veces repaso la lista y no puedo recordar de qué tratan dos o tres libros que alegadamente leí. Sé que leer 300 libros no es necesariamente leer. Una cosa me llevó a la otra: pensé en las buenas lecturas del 2005. En la época navideña leí dos libros que me agarraron y me exprimieron los días. Me pregunté cuántas veces me ha pasado eso, que prefiera quedarme en casa, o deje de ir a trabajar o a las clases, o prefiera tomar el camino más largo en la guagua por leer. Aunque cada libro me para el corazón mientras me sumerjo en él, cada uno es una experiencia distinta, este año me encontré con bultos de hojas que cambiaron mi vida.

La mujer habitada, Gioconda Belli – Le agradezco a Axel Alfaro por haberme puesto en las manos este libro, por razones que no se pueden publicar. Esta historia de una mujer joven y con dinero que descubre su vocación revolucionaria no tiene grandes maravillas ni una técnica extraordinaria; de hecho, Belli abusa de la expresión “cual”, especialmente en la segunda mitad: “cual” sustituyendo a “como”, el preámbulo de una metáfora. Da la mala pata que yo odio esa expresión. Pero la historia tiene su magia. Y el ritmo es enloquecedor. El punto culminante llega sin uno darse cuenta. A mí me subió la presión. (Tuve oportunidad de decirle eso a Gioconda Belli; dejó de hacer lo que estaba haciendo, me miró con cara de que yo estaba loca, y me dijo “¿Qué te subió la presión?”.) Me recordó a mi abuela y me animó a revisar algo de su futura novela, la cual quizás ella nunca vea publicada, sobre sus años presa en Cuba. No pude dormir hasta beberme la última palabra, ni después, porque trabajaba temprano en la mañana. No pude leer otros libros por al menos dos días. Luego quise devorarme sus otras novelas y me llevé una gran desilusión.

Persepolis, Marjane Satrapi – Este libro, dividido en dos volúmenes, tiene el sitial de ser el que me introdujo a la novela gráfica. Era justo uno de los tipos de libros que me gustan, las crónicas históricas, con el elemento artístico que me dio picazón en la vena al instante. Es la autobiografía de una mujer iraniana que aun es joven, no llega a los 35, así que la historia es muy actual y pertinente. Me enseñó que el dibujo no tiene que ser perfecto, sino expresivo y, a veces, conceptual. Luego he leído otras cosas y he considerado seriamente hacer una novela (o cuento) gráfica.

The Dragon Reborn, Robert Jordan – Es el tercero de una serie de fantasía que va por once, llamada The Wheel of Time. Dicen que en los libros que siguen la descripción se vuelve insoportable, pero siempre me ha parecido que a este tipo le queda muy bien; son algo líricas y fluidas, nuca forzadas. Esta es una de esas historias en las que uno llega a conocer a los personajes tanto, que piensa en ellos cuando no está leyendo, se duerme conversando con ellos y discutiendo sus problemas con la pared. Además, el mundo que Jordan se inventa es uno de los más interesantes de los que he escuchado. Lo malo es que la serie tiene tantos detalles que, si uno deja pasar mucho tiempo entre libro y libro, puede olvidar algunos.

El corazón de Voltaire, Luis López Nieves – Mi experiencia es colectiva: no conozco a nadie que la haya podido soltar más de una vez, siempre obligada. A veces, me creía como cierta la historia del genetista que descubre que el corazón de Voltaire en la Biblioteca Nacional de París es falso, con tanto detalle verosímil hasta los huesos… literalmente. Lo único que me distrajo un poco fue que a mitad ya sabía más que los personajes, y me veía insultándolos por no darse cuenta de sus errores.

The Hundred Secret Senses, Amy Tan – Una vez lo comencé, y el estilo de la escritora me pareció muy comercial. Lo prometí en Bookcrossing y quise darle una última oportunidad antes de la partida, y ya no lo pude soltar. Trata de una familia que trae de China a una medio hermana que tiene la habilidad de ver y conversar con fantasmas. Su pasado en China es más remoto de lo que uno inicialmente entiende; luego nos damos cuenta de que ella intercala anécdotas de su vida actual con las de la pasada. Algunos han sido mejores que otros; no todos los libros que aquí he mencionado se consideran, al menos públicamente, joyas literarias. De hecho, son literatura liviana, considerando que mi escritor favorito hasta el momento es Giovanni Papini. Pero en mi lista vitalicia, tienen una estrellita al lado. Significa que los recomendaría sin reservas y que no son de ésos cuya historia olvidaré con los años.