Regalos de Navidad
Con los años me he dado cuenta que no hay que tratar de romperse la cabeza encontrando un regalo sustancial para cada persona de la vida. A veces, con una bolsita de merenguitos o una latita con chocolates uno queda más que bien. Con frecuencia, uno queda mucho mejor no regalando nada. Es mejor andar solo que mal acompañado, ¿no?
El mejor ejemplo: hace unos años, mi tía le regaló a mi mamá un libro. Mi tía pensó: “Pues, es una profesora de español, de seguro querrá un libro.” Buscó en su casa y le regaló una traducción de Danielle Steel (!) que yo la había visto leer ese mismo año una vez que habían hospitalizado a mi abuela. Esa es la misma tía que, cuando yo era pequeña, me regaló un suéter al que ella misma le había mal cosido una etiqueta de Saks Fifth Avenue. El suéter era bonito, no había necesidad de la falsa pretensión, pero ella es ella.
Hace dos años, le conseguí a mi mamá unos ‘bowls’ en Marshall’s que me parecieron bonitos. Pero a ella, no tanto. Cuando los vio, me dijo: “Mira, en verdad no creo que los use, mira a ver si los puedes devolver.” A mí sí me gustaban, así que me los quedé.





