lunes, 21 de noviembre de 2005

Waiting

Recuerdos, Yo escribo
por Isabel Batteria

Joe solía decir que un día se haría el muerto para ver quién asistía a su velorio y quién no. Al final, se levantaría y los asustaría a todos. Well, Joe, it’s about time.

lunes, 14 de noviembre de 2005

Carne de coyote

Yo escribo
por Isabel Batteria

Mamá, no me llames tanto y ahorra para que me mandes a buscar.

viernes, 11 de noviembre de 2005

La locura cuesta doce y cien

Viajes astrales
por Isabel Batteria

El tiempo se pierde. “¡Son doce pesos!”

Pasan las horas. Hago que hago, aunque todo el mundo lo sabe.

Pasan las páginas de los periódicos. Compruebo que ya no hay exclusividad. Pongo un libro en mi falda y doy la espalda.

Pasan las ganas de ir al baño y llevo siglos sentada; aseguro indigestión. Cuando salgo, el libro abulta mi abrigo.

No me importan ya los doce pesos. El manicomio sería gratis, todo igual de blanco y simétrico.

Tampoco me importan los cien. Son muy limitadas mis posibilidades. Y debajo de la mesa apesta a pie.

miércoles, 9 de noviembre de 2005

Bobadas en que pienso: Copilotaje y bolígrafos

Recuerdos
por Isabel Batteria

Cuando éramos pequeños, todos esperaban que escribiéramos con lápiz. Bueno, no sé los demás, pero así era en mi escuela. No sé si en todas las escuelas tiende a haber un grupito de chicas más sofisticadas (de ésas que llevan todo tipo de maquillaje a la escuela, aunque no lo puedan usar porque tienen 8 años) escribían con bolígrafo tan temprano como en segundo grado, pero era típico de ellas y de nadie más, una rareza. No fue hasta cuarto o quinto que a ninguno de mis maestros le importó con qué escribíamos, después que lo hiciéramos.

Cuando estaba en kinder, fui copiloto del Tío Nobel. (Grande fue mi desilusión cuando vi que el barquito en el que los copilotos se montaban era un panel plano de madera que movía un tipo por detrás.) Me regalaron el caballo de Rainbow Brite (que todavía me sobrevive), un six-pack de jugos Frutsi (que nunca volví a ver porque mi mamá no me permitía ingerir comidas con colorantes artificiales tan brillantes) y una bolsa llena de productos Paper Mate: correctores (los infames liquid papers de brochita que no sé cómo aún hay quien los compra), highlighters, gomas de borrar, bolígrafos, entre los cuales había uno maravilloso cuya tinta se borraba con una goma integrada (verdaderamente chipi)… Mi mamá nunca me dejó conservar nada de aquello por eso de que era muy chiquita para usarlos. Si hubiera sido Katy o Rose Mary, los hubiera podido usar en la escuela… De vez en cuando, exploraba la bolsa que ella guardó en una gaveta. Para ella, ese regalo debe haber sido una beca, pues de seguro no tuvo que comprarse efectos escolares por un año o dos.

domingo, 6 de noviembre de 2005

¿Dónde estaba la mujer puertorriqueña en los 80?

Cualquier cosa
por Isabel Batteria

En el espectáculo De-generación 80, de fallidas expectativas (otro asunto no pertinente), pasaron un ‘clip show’ a manera de preámbulo y para rellenar el intermedio. Vimos intros ‘cheesy’ de horribles novelas, vídeos musicales de la época (no sabía que había tantos) y anuncios de televisión. Detrás de mí, un grupo de cuatro o cinco hacía mucho ruido, en especial una mujer de ésas que tienen la voz firme e imponente y siempre algo que decir. Cantaba los ‘jingles’, recitaba los anuncios y decía el nombre de la marca anunciada o del artista que apareciera como si los demás fueran ciegos. Una del grupo era la madre; los demás, incluyendo a la mujer, parecían ser hermanos. La madre constantemente alababa la memoria de los más jóvenes: “¿Cómo se acuerdan de eso? ¿Cómo se acuerdan de lo otro?” La mujer le respondía, con tono irritado e irritante: “Hello, mami, tienes que haberlo visto. ¿Pero dónde tú estabas mientras nosotros veíamos televisión?” Y ella le contestó, más de una vez: “Pues en la cocina, criando cuatro hijos”.