The Penny Will Become a Token (o El chavito está chavado)
por Isabel Batteria
Hace unos días fui a la farmacia y la compra me salió en algo con 1 centavo. Busqué en el piso a ver si encontraba el chavito, como siempre hago cuando lo necesito y no lo tengo. Estoy acostumbrada a recoger dinero del piso y contar con las sobras que nadie quiere para evitar la inconveniencia de cambiar un dólar por culpa de unos centavos. Una vez estaba en Plaza las Américas sin dinero para cojer la guagua de regreso a casa, y encontré el pasaje (y más) en el piso del centro comercial. (Mi secreto es buscar cerca de las cajas registradoras, donde la gente abandona su cambio.)
Pero en la farmacia, la cajera y el hombre que esperaba detrás mío se dieron cuenta de lo que hacía, y me dijeron: “No, mija, ya uno no encuentra chavitos en el piso.” ¿Tan mala está la situación?, me pregunté. ¿Por fin aprendieron todos que los centavos son dinero, “legal tender”? ¿Ya nadie se va a reír cuando me vea recogerlos del piso, llevarlos al banco y cambiarlos por billetes crujientes de a 20 (aunque no sé por qué se ríen de eso; deberían llorarlo)?
Les comenté a la cajera y al cliente que había leído recientemente (en Time) el artículo “Common Cents”, que explica que lo que le cuesta al gobierno fabricar los centavos y los vellones es más que el valor de la moneda. Como la gente, para colmo, los bota, se está considerando sacarlos de circulación. La verdad es que nadie aprecia los centavos: algunos comerciantes no aceptan que les paguen con grandes cantidades de perritas, las máquinas de refrescos y dulces, las lavadoras, no las aceptan. Y, sin embargo, siempre tenemos exceso de centavos porque los precios siguen siendo 2.99, 10.99, 99.99.
Producir 1¢ cuesta 1,23¢; un vellón cuesta 5,73¢.
En inglés, “token” es algo simbólico, y también es la moneda sin valor que se usan en las máquinas de diversiones y en los trenes. En un tiempo, el centavo corre el riesgo de convertirse en un “token”.
Foto por George Marks, de Getty Images