viernes, 29 de septiembre de 2006

The Penny Will Become a Token (o El chavito está chavado)

Cualquier cosa
por Isabel Batteria

57520723.jpgHace unos días fui a la farmacia y la compra me salió en algo con 1 centavo. Busqué en el piso a ver si encontraba el chavito, como siempre hago cuando lo necesito y no lo tengo. Estoy acostumbrada a recoger dinero del piso y contar con las sobras que nadie quiere para evitar la inconveniencia de cambiar un dólar por culpa de unos centavos. Una vez estaba en Plaza las Américas sin dinero para cojer la guagua de regreso a casa, y encontré el pasaje (y más) en el piso del centro comercial. (Mi secreto es buscar cerca de las cajas registradoras, donde la gente abandona su cambio.)

Pero en la farmacia, la cajera y el hombre que esperaba detrás mío se dieron cuenta de lo que hacía, y me dijeron: “No, mija, ya uno no encuentra chavitos en el piso.” ¿Tan mala está la situación?, me pregunté. ¿Por fin aprendieron todos que los centavos son dinero, “legal tender”? ¿Ya nadie se va a reír cuando me vea recogerlos del piso, llevarlos al banco y cambiarlos por billetes crujientes de a 20 (aunque no sé por qué se ríen de eso; deberían llorarlo)?

Les comenté a la cajera y al cliente que había leído recientemente (en Time) el artículo “Common Cents”, que explica que lo que le cuesta al gobierno fabricar los centavos y los vellones es más que el valor de la moneda. Como la gente, para colmo, los bota, se está considerando sacarlos de circulación. La verdad es que nadie aprecia los centavos: algunos comerciantes no aceptan que les paguen con grandes cantidades de perritas, las máquinas de refrescos y dulces, las lavadoras, no las aceptan. Y, sin embargo, siempre tenemos exceso de centavos porque los precios siguen siendo 2.99, 10.99, 99.99.

Producir 1¢ cuesta 1,23¢; un vellón cuesta 5,73¢.

En inglés, “token” es algo simbólico, y también es la moneda sin valor que se usan en las máquinas de diversiones y en los trenes. En un tiempo, el centavo corre el riesgo de convertirse en un “token”.

Foto por George Marks, de Getty Images

viernes, 22 de septiembre de 2006

Nosotras y Ellas

Cualquier cosa, Exhibicionismo, Ombudsman
por Isabel Batteria

Evitan el mal olor y el desgaste prematuro de mi ropa interior y me permiten usar los pantalones 30 veces sin tener que lavarlos. Nosotras 25 días al mes; muy finas para los otros caóticos cinco. Hace tres días se me acabaron y no he tenido la oportunidad de ir a la farmacia a comprar más. Hoy las necesitaba y recurrí a otra marca escondida en mi ropero, que no había querido gastar porque cada una está envuelta individualmente y pensé guardarlas para cuando necesitara protabilidad. La marca era Ellas.

Lo primero que pensé es que Ellas estaba en desventaja en relación a Nosotras. O sea, Ellas se refiere a las mujeres desde afuera, mientras que Nosotras es parte de… bueno, nosotras. ¿Será que Ellas la fabrican hombres?

Quién sabe. Resultaron difíciles de abrir. El papel que cubre el pegamento no se salía del todo; se rompía y dejaba pedazos como cuando uno trata de sacarle la etiqueta a una botella de cristal. La toalla en sí parecía papel; casi se podía ver a través de ella. El relleno era dudoso y casi inexistente. Lo único que puedo pensar es que, en verdad, quienes fabrican Nosotras son más sensibles que Ellas con respecto a las necesidades de ellas, o sea, nosotras.

sábado, 16 de septiembre de 2006

Sexo, sexo, sexo

Amarillismo
por Isabel Batteria
  • Details, septiembre 2004: FuckForForest.com es una página pornográfica noruega que se dedica a concienciar sobre la conservación del ambiente. Donan sus ingresos a organizaciones ambientales. Pero en 2004, dos miembros tuvieron sexo en el escenario de un concierto benéfico, al estilo de las en “Boogie Nights”, y ninguna organización quiso recibir sus donaciones. No sé si todavía es así.
  • “Primer Impacto”, la semana pasada: En un reportaje sobre la presencia de celulares y otros artículos prohibidos para los reclusos en las cárceles de El Salvador, un policía le dijo al reportero que las cosas más inimaginables se introducían en los penales en las maneras más insólitas. Dio un ejemplo: “¡¿Una granada militar dentro de la vagina de una visitante?!”
  • En UCLA hay un profesor de historia del cine que se llama Jonathan Kuntz. Gracias Papá, por ser italiano.
domingo, 10 de septiembre de 2006

Robots

Cualquier cosa
por Isabel Batteria

“Como paso final antes de publicar el comentario, introduzca las letras y números que ve en la imagen de abajo. Este test impide que los robots publiquen automáticamente comentarios.” *

¡Por fin! El mundo que todos los hombres soñaron cuando eran niños ha llegado.

* Texto real de una página de insertar comentarios en un blog

jueves, 7 de septiembre de 2006

Feminismo barato

Solidaridad, Yo leo
por Isabel Batteria

En el excelente blog, La Gran Nada, Axel Alfaro comparte con nosotros, en la entrega titulada “Lecturas para la próxima semana“, un artículo de la penúltima edición de la revista estadounidense Esquire sobre el giro pseudofeminista de la nueva sociedad que trata de reponer los errores históricos contra la mujer en el pasado quitándole importancia al papel intelectual del hombre desde la niñez. Se llama “The Problem With Boys”. De hecho, en los comentarios en la bitácora de Axel se generó una breve pero interesante discusión que vale la pena leer después de echarle una ojeada al artículo en Esquire.

Es mi deber como mujer responsable ayudar a develar los problemas que han surgido desde que las mujeres reclamaron la igualdad con los hombres. Pero no es que yo sea machista. Verán, la verdadera doctrina feminista defiende la igualdad con los hombres, no la supremacía. Muchas mujeres hoy piensan que ser feministas es tirarle a los hombres y se aguantan de evidencia científica y leyendaurbanística para justificar todas las formas en las que dicen ser mejores que los hombres. El artículo de Esquire plantea, entre otras cosas, que éstas y otras ideas similares están afectando la motivación de los hombres a educarse y superarse.

Estaba leyendo última edición de Esquire (la que le sigue a la edición del artículo en cuestión) y vi que en una lectora envió una carta referente a “The Problem With Boys”. Es perfecta para ilustrar mi prototipo de la mujer que se quiere instalar las bolas a como dé lugar. En sus 15 minutos de fama, en su contribución a la sociedad, Kathy Sellers, de Myrtle Beach, South Carolina, aportó el siguiente comentario: “Oh, the poor American man is losing his power. What will we do? What a bunch of whining pussies.”

Bravo.