Abue
por Isabel Batteria
El la Ciudad de Santiago de Cuba a las dos y cuarenta y cinco minutos de la mañana del día diez y seis de noviembre de mil novecientos catorce, ante el Doctor Señor Rafael Gregorio Ros y Estrada, Juez Municipal y Eugenio García y García Secretario, compareció Juan Rodríguez, natural de Oviedo España, mayor de edad, del comercio y domiciliado calle baja de San Mateo número veinte y ocho, manifestando; que el día veinte y siete de octubre próximo pasado, a las tres y media de la tarde y en su referido domicilio nació una hembra y al efecto declaró. Que dicha hembra es hija del declarante y de Faustina González, natural de Oviedo, mayor de edad, dedicada a las ocupaciones propias de su sexo y de su mismo domicilio. Que es nieta por línea paterna de Juan Rodríguez y Antonia Piedra; y por la línea materna de Fernando González y de María Fernández, naturales de Oviedo ya difuntos. Y que a la expresada hembra se le pone por nombre Alicia Cristeta Bienvenida. Son testigos; Francisco Acosta, natural de esta ciudad, mayor de edad del comercio y domiciliado calle baja de Maceo número diez y ocho; y Ramón Yoli, natural de esta ciudad, mayor de edad, tabaquero y domicialiado en Puntasal. Leída esta nota y conformes la firman todos de que certifico.
Estoy viendo Emeril Live. (Nunca entenderé a la gente que ve programas de gente cocinando. Sé que algunos de mi lectores lo hacen, un saludo a ellos, pero, pues, qué se le va a hacer: no los entiendo. No tiene que ver con que no me interese, es que simplemente no le veo lo emocionante. Cocinar es realmente es una cuestión de supervivencia.)
De todos modos, estoy en un restaurante, y en el televisor están dando Emeril Live. Su salsa es “bubbly, gooey”, y la gente se ríe. Muestra unos camarones, dice “Now, this is some shrimp”, y la gente dice “Oooohhhh”. Pone unos huevos sobre unos espárragos, y la gente aplaude con gritos y vivas.
Noten mi cara de exasperación.
Emeril presenta su programa en gabán. Luego le sigue el intro, que dura como 30 segundos. En los últimos 10 segundos, sale Emeril con los brazos extendidos, mientras un grupo de cuatro personas lo visten con su ropa blanca de chef. Uno le abotona los botones de la camisa; una mujer le rodea la cintura con el delantal, mientras alguien, parado detrás de Emeril, lo recibe y los ata.
El bufón ahora es el rey.
No sé por qué, pero pasan por mi casa muchos carros con una llanta vacía. Cerca hay una gasolinera, pero no tan cerca como para oír un carro al día, arrastrando el cadáver, sacándole el jugo lo más posible, rogando que no se dañe el aro. Por mi otra casa pasaban también, porque en la misma esquina hay una gasolinera (la misma que queda cerca de donde vivo ahora), pero me sorprende que sea aquí donde más me visitan.
Esta semana cumplo un año desde que me mudé. Todavía descubro y documento nuevos ruidos. Los ruidos son, para mí, una característica importantísima de donde uno vive, una parte de su esencia. En la Taft, tenía pájaros todo el día; coquíes y grillos toda la noche. Perros irritantes y gatos en celo. La lluvia cayendo estrepitosamente sobre las hojas muertas. El murmullo lejano de la tele de mi mamá, allá en su cuarto. La campana falsa de la iglesia San Jorge, avisándome la hora en los fines de semana.
Acá, los pasos de los peatones que caminan sobre las placas del alcantarillado, que quedan en la acera, justo frente a mi balcón. Niños gritándose cabrón y pendejo. Ambulancias dando reversa en el edificio de los viejitos, al frente (piiip, piiip, piiip, piiip). Los vecinos teniendo sexo de lunes a viernes a las 10 p.m., un poco más temprano los sábados. El camión de Payco todos los días a las 6:30 p.m. El rumor del abanico de techo. La campana de la iglesia San Jorge, a la que no tuve que renunciar. In excelsis Deo.
Y las llantas delirantes. Las llantas, con las que puedo contar varias veces a la semana. Por esa consistencia, se han convertido en parte de esta casa. Me pregunto si soy la única que documenta los ruidos de su casa como quien anota en la pared la estatura de sus hijos según van creciendo.