domingo, 11 de marzo de 2007

Gracias, adiós

Viajes astrales
por Isabel Batteria

6:30 a.m. y se me muere otro sábado que digo que voy a hacer y no hago. Otro domingo que digo que lo haré bien, y aquí estoy a las 6:30 de la mañana aprovechando el amanecer para sacar fotos. Preferiría dormir, pero no puedo. No sé por qué. Esto le explico a la señora del frente, que espera una Llame y Viaje para ir a la iglesia. Que Dios sabe por qué yo no puedo dormir, que lea la Biblia y voy a encontrar la razón ahí. Que si tengo una Biblia, porque si no, ella me compra una, dice. Sí, sí tengo, digo, pero no digo que es la católica. Es la mejor; tiene notas históricas al calce. Busca de Dios, tú sabes que tu abuela es una gran cristiana. Pobre abue. Le voy a preguntar a ella, pienso en decirle. Le voy a pedir que le pregunte a Dios por qué no puedo dormir. Que le pregunte a Dios por qué no me puedo despertar. Lo pienso, pero no se lo digo. (Más adelante en el día, quizás le pregunte sí.) Tampoco le digo que mi abuela odia a Dios por no venirla a buscar a la escuela, por olvidarla castigada en el rincón. Mal padre que es Dios. Que me vaya a sacar fotos de la creación de Dios. Tampoco le pregunto si los edificios son la creación indirecta de Dios porque la creó el hombre que creó Dios. Y aquí uso bien la palabra hombre porque dudo que hubiera mujeres involucradas en la construcción de las casas viejas de Santurce. Gracias, adiós. Le doy la vuelta a la manzana y tengo hambre y no me la puedo comer.